1917 propone blinis y vodkas en un ambiente intimista, exótico y diferente.
Al entrar en 1917 la primera sensación que se percibe es la de haber llegado a un sitio totalmente acogedor. Las luces tenues, las cortinas de terciopelo rojo y los techos dorados crean un ambiente íntimo y sofisticado que invitan a la trampa filosófica o amorosa. En la larga y elegante butaca de su salón privado uno podría imaginarse a Lenin conspirando con sus camaradas o rodeado de bellas madamas.
Ubicado en el emblemático "Madrid de los Austrias" y a pocos metros de la Opera de Madrid, 1917 propone disfrutar de un menú diferente con una materia prima de excelente calidad.
Los blinis son la especialidad de la casa. Se sirven con pescados ahumados (salmón, trucha, arenque, anguila y esturión, como básicos), y cuando el mercado lo permite se puede también probar otras especialidades exóticas fuera de carta. Todos ellos se acompañan con crème fraîche y huevas de pescados diversos.
El corazón de 1917 es su bar, provisto de una barra de madera con reminiscencias constructivistas rodeado de una decoración barroca de estilo imperial. Allí se puede beber cerveza checa de grifo, elegir de una extensa y variada lista de vodkas de todo tipo procedentes de Rusia, Polonia, Estonia o Suecia; o deleitarse con algún mini blini de salmón y huevas de arenque.
Y para los que quieran permitirse un lujo, hay también verdadero caviar iraní y champagne francés.